" Todo lo que logras o pierdes a lo largo
de tu vida, es el resultado directo de tus pensamientos".

-James Allen

sábado, 14 de agosto de 2010

El piloto de mi vida

¿Quién es mi piloto?



En la vida, existen momentos en que nos preguntamos ¿cómo hacemos…? ¿porqué lo hacemos?; estas preguntas surgen en momentos en los cuales las personas por ciertas circunstancias llegan a actuar de una forma que puede no ser la esperada. La explicación la podemos tratar de encontrar en un “ser” más fuerte que nosotros que logra “guiarnos” ya sea desde nuestros sentimientos hasta nuestro cuerpo.


Es difícil caracterizar o dar nombre a ese “ser”, del cual estoy hablando, por tal motivo en este pequeño ensayo doy sólo mi punto de vista sin tratar de generalizar u ofender. Para mí, este “ser” debe de ser más fuerte que mi cuerpo y mente juntos, debe de lograr conducirme, o mejor dicho, debe de ser capaz de mostrarme los caminos de la vida para yo escoger por cual caminar. Sin dar más rodeos al nombre de ese “ser”, me atrevo a llamarlo “Dios”.


Para una cantidad de personas puede ser ridículo hablar de un Dios, hablar de alguien que mande mi vida y que sea otra persona que no uno mismo. Sin embargo, en mi pensamiento no lo encuentro ridículo y tampoco sin sentido hablar de alguien más fuerte que mi mente y cuerpo y sin vergüenza lo llamo Dios.


Soy consciente que mi mente es un elemento fuerte en mi vida, ella es capaz de controlar muchos aspectos de ella; de hecho, para cada acción que quisiera realizar con mi cuerpo debo de utilizar mi mente. Sé que con mi cuerpo y mente juntos soy capaz de llegar a muchos lugares, no obstante, ninguno de esos dos elementos serían capaz de funcionar si no hay alguien que quiere que ellos funcionen.


Por consiguiente, sí reconozco la existencia de un Dios capaz de darme la vida y de mostrarme los caminos de ella, entonces soy capaz de designar a ese Dios como el Piloto de mi vida; él es quien me enseña los paisajes del mundo, quien me muestra lo correcto e incorrecto. Él puede ser mi piloto, pero soy yo quien decido al final cual de los dos caminos escoger; puedo creer en él, pero al final yo soy quien decido qué pensar y cómo controlar o manejar mi cuerpo.